viernes, 17 de febrero de 2012

Goethe

"El hombre sordo a la voz de la poesía es un bárbaro."
Goethe en el campo, Wilhelm Tischbein


Si tuviéramos que elegir uno de entre todos los escritores de la historia de la literatura alemana, casi sin dudarlo escogeríamos a Johann Wolfgang von Goethe.


Goethe, J.K. Stieler
Goethe es a Alemania lo que Cervantes a España o Shakespeare a Inglaterra (incluso hay un instituto Goethe que tiene las mismas funciones con la cultura de su país que el Cervantes con la española... si lo que queréis es estudiar alemán probad a buscar "goethe" en google). 


Lo conocemos por su obra literaria, pero trabajó en muchos más campos, sobre todo científicos: tiene varios trabajos sobre morfología animal y vegetal (donde defendía que todas las formas de las diferentes especies no eran sino fruto de la metamorfosis de un origen común; el propio Darwin tuvo esta teoría como base para la suya de la evolución), y sobre física (investigó la formación de los diferentes colores, una rama de la óptica).




Nació en 1749 en Frankfurt, hoy "capital" financiera de Europa. Muy inteligente ya desde su infancia, de joven frecuentó los círculos del Sturm und Drang, antecesores del primer Romanticismo. Hay que tener en cuenta que este movimiento, generalizando, empezó con el siglo XIX, y este grupo ya escribía obras de estilo romántico en los años 70 del siglo anterior. Se le considera, por eso, como un "puente" entre los estilos clásico y romántico. (Otro autor famoso vinculado a este movimiento fue Friedrich von Schiller con su Guillermo Tell, símbolo de la libertad y la rebeldía, publicado en 1805).




Ilustración para el Werther
Fue en esta primera época cuando Goethe escribió Las desventuras del joven Werther. Escrita en forma epistolar (como Frankenstein), está considerada la primera novela moderna de la literatura alemana. Hay elementos aún clásicos: realismo y credibilidad, y un ambiente aristocrático donde viven los personajes, que aún así será sutilmente criticado. Pero la obra en sí es ya de carácter muy romántico: narra la historia de Werther, un joven artista que se enamora de Charlotte, una muchacha prometida con otro hombre, que después será amigo del protagonista (se dice que tiene cierta inspiración autobiográfica). Ante el tormento que le produce el no poder tenerla nunca, Werther acabará por suicidarse.


La publicación de este libro tendría un gran éxito, y causaría un enorme furor en toda Europa. Prácticamente se impusieron como una moda las formas de vestir y modos de hablar inspiradas en las descripciones que Goethe hacía del protagonista. Y lo que es aún más grave, se extendió como costumbre por todo el continente el suicidio por amor; muchísimos jóvenes, al verse desengañados o abandonados, se pegaban un tiro (como había hecho Werther) o lo que les pareciera más adecuado para, digamos, quitarse de en medio. 


Aquí tenemos un fragmento de la obra; es parte de una 'carta' que le escribe Werther a su amigo Wilhelm:


Ella es para mí sagrada. Todo deseo calla en su presencia. No sé jamás lo que me pasa cuando estoy a su lado; es algo así como si el alma me palpitase en todos mis nervios... Tiene una melodía que toca en el clave con todo el poder de un ángel, tan sencilla y tan ideal. Es su canción favorita, y a mí se me quitan toda pena, toda confusión y mal humor en cuanto percibo su primera nota.
No estimo inverosímil nada de cuanto dicen del antiguo poder de la música. ¡Cómo se apodera de mí ese sencillo canto! ¡Y cómo sabe ella más de una vez ponerse a tocarlo en el preciso instante en que yo estoy como para pegarme un tiro en la cabeza! Se disipan el error y la oscuridad de mi alma, y vuelvo a respirar libremente.




Amanecer en las montañas,
C. D. Friedrich
A partir de ese momento la carrera de Goethe empezó a tomar el camino invertido al que tomaban el resto de autores y artistas: mientras el Romanticismo iba cogiendo fuerza, Goethe se fue inclinando hacia postulados más clásicos, acorde a los cuales escribió algunas obras de teatro, novelas y poemas. Ya famoso, tuvo una vida muy activa: una vez establecido en Weimar, en el centro de la actual Alemania, fue consejero del rey, miembro de la corte, investigador científico y literario... Se codeó con la crème de la crème de Europa (Napoleón, Beethoven, Schiller, Schopenhauer...), ingresó en la masonería... Hacía de todo (decía "La actividad es lo que hace feliz al hombre"); evidentemente no le quedaba mucho tiempo para escribir. 




Sin embargo, durante todos estos años y hasta su muerte, en 1832, se dedicó poco a poco a crear la que sería su obra maestra: Fausto. Pertenece al género dramático, pero está casi más hecha para leer que para ser representada (como La Celestina). Es una obra densísima, dividida en dos partes: la primera, la más popular, fue publicada en 1808; la segunda, más filosófica y compleja, no saldría a la luz hasta ser publicada póstumamente, el mismo año de su fallecimiento.


Fausto en su estudio,
E. Delacroix
Fausto narra la historia de un científico, obsesionado con la sabiduría, que recibe la visita de Mefistófeles, que es en realidad el propio diablo. Éste le ofrece la eterna juventud, una vida de placeres y todo lo que Fausto le pida, sólo con el precio de que si recibiera por parte del Diablo algo que le diese un placer ya insoportable, debería pagarlo con la muerte. Fausto va evolucionando, y su vida se transforma en un caos: una de las partes más importantes de la trama es en la que se enamora y persigue a la joven Margarethe, a la que prácticamente arruinará la vida. Lo que en un principio era solo la búsqueda de una respuesta a su eterna insatisfacción, se convertirá en la perdición de su propia alma (a quien hace tratos con el diablo...).


Fausto. -¿Cómo te llamas?
Mefistófeles. -Nimia me parece esa pregunta en quien tanto desprecia el verbo, y, muy alejado de toda apariencia, solo atiende a la hondura de los seres.
Fausto. -En vosotros, caballeros, suele inferirse el ser por el nombre, pues clarísimamente salta a la vista cuando os llaman dios de las moscas, corruptor y embustero. Pero vamos a ver, ¿quién eres tú?
Mefistófeles. -Pues una parte de esa fuerza que siempre quiere el mal y siempre hacía el bien.
Fausto. -¿Qué quieres decir con esa adivinanza?
Mefistófeles. - ¡Yo soy el espíritu que siempre niega! Y con razón, pues todo cuanto existe es digno de irse al fondo; por lo que mejor sería que nada hubiese. De suerte, pues, que todo eso que llamáis pecado, destrucción, en una palabra, el mal, es mi verdadero elemento.


Muchísimos estudiosos han trabajado a lo largo de estos siglos la figura del Fausto de Goethe. Es sobretodo muy debatido el final de la obra, ya que es muy ambiguo: el doctor subirá al cielo, aun después de haber cometido pecados y crímenes. No está muy clara la moralidad de la obra, a pesar de que el tema principal gira alrededor de la ética, la filosofía, los límites del conocimiento humano (a lo que aspira Fausto)... Denso, como toda la obra (pero según parece muy interesante, eh).


Fausto y Margarita,
E. Delacroix
Fausto, a pesar de su lado más endemoniado, es un personaje muy humano. Pero ya no es aquella jovialidad y disfrute del Falstaff de Shakespeare: Fausto representa las dudas y los deseos de cualquier persona; cuando ve que su sabiduría no puede llegar más allá se plantea hasta el suicidio. Y es que este personaje ha dedicado su vida al conocimiento, a la ciencia, al estudiar, pero todo eso no le ha dado, al final, la felicidad. Se le ofrece entonces una nueva vida, activa, llena de los placeres que hasta el momento había rechazado. Para ello recurre a medios sobrenaturales, al mismo diablo. Y se va convirtiendo en alguien cada vez más malvado; tampoco así es feliz. 


La cuestión es, ¿cómo serlo? Ni el bien y el conocimiento, ni el mal y el libertinaje aportan la felicidad. La pregunta queda abierta a debate... que opine cada quien lo que quiera.






Eugène Delacroix (1798-1863), uno de los más famosos pintores del Romanticismo francés, pintó una serie de grabados inspirada en el Fausto de Goethe. Ilustra bastante bien la obra, porque a medida que avanza la serie, los rasgos de Fausto se van pareciendo cada vez más a los de Mefistófeles... hasta ser (casi) los mismos.


Fausto, que se convertiría en una de las obras más famosas de la Literatura Universal, tiene cierta influencia también sobre Frankenstein, principalmente de protagonista a protagonista: científico atormentado que pretende ir más allá de la ciencia... También en Frankenstein hay ciertas semejanzas con el Werther; sin ir más lejos, la forma epistolar. Según parece, el padre de Mary Shelley, cuando ella era pequeña, solía leer en voz alta en casa, entre otros autores, a Goethe. 

(PAULA)